10 agosto, 2007

habanera


La paloma de la casa cantaba igual a “esa” de su infancia, solía decir él.

La paloma vivió varios años después de que él falleció.
El silencio de esa jaula la deprimió, fue en la época en que todas las aves de la casa decidieron morir, quizá por que ya eran muy viejas o por algún bicho maligno que las ataco, quien sabe, pero un día todas las jaulas estaban vacías.
Ella no quiso quitarlas, las dejo ahí en la pared, decía que todavía las escuchaba “dar las horas”.
Ahora las jaulas ya no están, y creo que el canto debió escapar en algún descuido de su cabeza por que siempre la veo sentada, mirando a la calle, y si te fijas bien puedes ver el silencio en sus ojos.

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