11 junio, 2009

un dia de mala suerte

saludos queridos lectores
antes que nada quiero decirles que en mi cabeza andan historias sueltas de aqui y haya,
asi ke kise hacerles un lugar escribiendoles, son hechos totalmente inventados, mezclados con realidades ajenas, experiencias propias y la imaginacion de las cabras en mi cabeza.

Tambien les debo hacer una ADVERTENCIA.
estas historias son cuentos cortos, espero sean varios y de su agrado
esta primera historia aun no esta terminada, no he escrito el final, es bastante melosa y totalmente para nenitas, inocente y sin sexo.

sin mas por el momento se las dejo para que lean.

encuentros ocasionales

un dia de mala suerte (primera parte)

Salía yo de una entrevista x, común y corriente, donde te suelen decir lo mismo que en todas las entrevistas de trabajo, el típico: “nosotros te llamamos”…
bla bla bla dije yo…

Estaba cansada de hacer eso ya era la tercera en la semana, y vamos todavía podía estar un mes libre de preocupaciones, pero uno busca siempre algo que hacer.

Como decía, salía yo de la entrevista, deje mi auto a varias cuadras del lugar del punto de reunión por no decir que mejor hubiera tomado un autobús o un taxi, que se yo; caminaba yo muy feliz sumergida en mis pensamientos y viendo un largo corredor de edificios, arboles, banquetas, carros, etc., etc. Todo lo que uno puede encontrar en cualquier ciudad conurbada cualquiera.

Cuando me tropecé con un tipo despistado, lo primero que sentí fue un dolor en el hombro y pensaba decir solo: lo siento, perdón, ten más cuidado, fíjate por donde caminas, o quizás algo mas insultante… quedemos en que solo dije – lo siento- a lo cual escuche murmurar por su parte en un tono sarcástico –estupendo para un gran día de mala suerte-

¡Claro que es estupendo!, pensé yo, mira que toparse conmigo no cualquiera… No en realidad no pensé eso, solo volteé a ver al chico con aspecto de nerd desenfadado, con una gran sonrisa en el rostro (debo de aclara que era una sonrisa de sarcasmo) recoger unos lentes del suelo, que cayeron al momento de chocar. Lo cual me hizo recordar que hace un par de días atrás había ido a recoger mis nuevas micas para mis lentes, lo cual no me salió nada barato; fue cuando entonces me invadió un fuerte sentimiento de culpa y me puse a decir algo como: … lo siento, de verdad lo siento, mucho, ah perdón, no fue mi intensión, es que yo solo… de verdad yo… es que… lo siento…, puse mi mejor sonrisa y mi mejor mirada de borreguito a medio morir. El me miro y dijo – no te preocupes, solo espero que no se hayan rayado-

En ese momento el remordimiento de culpa se convirtió en algo así como doble remordimiento de culpa que es cuando una debe de tener cuidado con lo que dice, hace y piensa; ya que puede resultar en algo como:
-De verdad lo siento mucho, dime que no fue así, por favor, bueno si es así… ¡yo te los pago!-

A ver paramé tantito, ¿Cómo que yo te los pago? ¿Qué, cuando, como?, si solo fue un accidente, solo me quedaba esperar que el dijera “no como crees, fue un accidente” o “no les paso nada, no hay de que apurarse”, pero en cambio dijo:
- tienen un pequeño rayón, que lamentablemente queda en el centro del ojo, eso es molesto sabes, pero no tienes por
qué pagarlos-.

Tuve que haberme sentido aliviada, pero en cambio rogué por pagar unos lentes que ni siquiera eran míos. – No como crees, - dijo el – hoy no es mi día y de eso no creo que nadie tenga la culpa; aunque, las micas saldrán muy caras- dijo el. Mientras yo, seguía de rogona, - ok, hagamos un trato, tu pagas la mitad de lo que cuesten y yo la otra, ¿va!-.

Si hubiera dicho yo lo pago todo hubiera sido bastante estúpida, gracias al cielo no fue así, y acepte el trato. – Hagámoslo de una vez, o después no creo que se haga nada, o ¿tienes algo que hacer?- dije yo.

-No realmente - comento en tono desenfadado-acaban de correrme de mi trabajo, tú ¿ tienes algo que hacer?
- No, acabo de salir de una entrevista-
Nos miramos, cada quien hizo un gesto que el otro interpreto a su manera, y fue cuando solté
-¡Odio las entrevistas!, ¿ tienes alguna idea de los frustrantes que son?, que hagan preguntas sin sentido, y que dibujes a tu otro yo, ¡solo sé que las odio!-

El por su lado se me dejo venir con un abrazo – me estas tocando- dije yo,
- creí que lo necesitabas , perdón, por invadir tu espacio personal-
-gra ci as…-
-mmm- murmuro el -… bueno, hay una óptica cerca de mi casa, ¿por qué no vamos hacia allá?-, comento él.

Pregunte que si tenía coche, contesto que no, así que le dije que el mío se encontraba a varias cuadras de ahí. Nos pusimos en camino, cuando note que él me veía demasiado, así que pregunte –¿que tengo?-, dudo un momento y respondió con otra pregunta - ¿ cómo es que fuiste a una entrevista vestida así?-
- ¿Qué?- dije yo
-¿Qué las mujeres no suelen arreglarse mucho para ese tipo de cosas?-, mientras lo veía con una cara de que le pasa a este tipo conteste – pues supongo, pero en mi trabajo no es necesario-
queriendo pagarle con la misma moneda le pregunte -¿y a ti porque te corrieron?-, voltio hacia otro lado y contesto –problemas con el jefe-.

Cruzábamos una calle para llegar a un parque cuando a los lejos se escuchaba el rumor musical de los helados mas deliciosos del mundo, a mi parecer claro está, aunque descubrí que no era la única ya que los dos respondimos a coro al llamado de la música - ¡Helados!-

Nos miramos y sonreímos, cual niños pequeños, en espera de su golosina, nos apresuramos hacia el carrito repartidor de nieves, por una extraña coincidencia pedimos el mismo sabor, cubierto de chocolate y los mismo cereales.

Sin darme cuenta para entonces ya sentía una extraña afinidad con el chico con el que había tropezado, escasos minutos atrás, le propuse sentarnos en una banca y terminar nuestra nieve, a lo cual el acepto. Nos dirigimos a una banca que se encontraba en el centro del parque, bañada por la sombra de un frondoso árbol, lleno de flores violetas; cuando sucedió lo que a todo mundo le sucede en un día de mala suerte… su nieve cayó al piso, lo cual provoco en mi bastante risa…

28 abril, 2009

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20 abril, 2009

fotos en el centro










30 marzo, 2009

lo que tenía que pasar...


...Todo lo que hicimos no es necesario que lo describa, pero sí digno de recordar, no puedo negar que en momentos me sentía culpable de estar con el hijo de aquel hombre que de alguna u otra forma marcó mi vida sentimental; pero mis emociones estaban a todo lo que daban, ya sé, fue un momento de vulnerabilidad, pero ah cómo disfruté haber caído en sus brazos y dejarme llevar por el momento! sentir su cuerpo, su fuerza, su pasión y aunque Edgar era el vivo retrato de su padre, estar con él fue totalmente diferente, fue como recordar lo nunca antes vivido o vivir un pedacito de pasado pero corregido y aumentado jajaja!
En fin, después del candente encuentro, nos dimos un tiempo para hablar, la plática no podía ser muy profunda, puesto que el único tema que teníamos en común era Fernando, sus bienes, los pleitos, y después de lo que había pasado no estábamos como para algo tan negativo; más bien nos concretamos a conocernos un poco de una forma amena, simple y evasiva de la realidad.
Ese fue el principio de otra relación medio escondida, si bien, no había impedimentos de mucho peso o reales, en el fondo, el poco pudor que tengo (porque sí lo conozco) no me dejaba sentirme libre y a la vez creo que es más emocionante cuando te escondes, cuando haces algo sabiendo que es reprobado por la mayoría, cuando existe algún peligro o problemilla detrás de ello. Así que me dediqué a disfrutar lo que teníamos, que obviamente no podía ser una relación cursi porque no las tolero, era más bien algo ligero, si mucho compromiso pero con una constante: Pasión, había pasión en todo lo que hacíamos juntos, en cuanto nos veíamos, cuando hablábamos, cuando bailábamos a oscuras, vamos hasta cuando estábamos en silencio en el balcón; y cuando no lo veía yo seguía con el mismo sentimiento que nunca me había dado el permiso de tener, y no podría llamarle amor porque eso venía más de mis entrañas que del corazón.

Nuestros encuentros eran casi siempre en mi departamento, el mismo que tantas veces visitó su padre, pero de repente Edgar proponía el suyo, sólo para variar o cuando quería lucirse con algún detalle que le diera más emotividad al momento, una de esas noches fue cuando pasó lo que yo sabía que podía pasar, pero para lo que en realidad no estaba preparada…



Lauraaa... sigues.

12 febrero, 2009

por fin un cambio

Que bien pepita! cambio de imagen para las menchu, ya nos hacia falta una remodeladita, y pues...tic toc yo sigo esperando el final de el cuento, digo! FebeBErtha ai a ver cuando e!

27 octubre, 2008


Y ahora heme aquí sentada y pensativa, porque a mí? Que hare con esos millones distribuidos entre casas, joyas y transportes; la verdad me son cosas vánales, nunca me importo la riqueza tal vez será porque yo con lo poco que he hecho era feliz. Confieso estuve a punto de no asistir si no fuera por esa llamada que recibí… el lunes a las 9 am….

Era uno de esos días, en los que mejor no levantarte; no recordé que eche a Teresa de mi casa…. Y le llamaba con voz petulante.. “Contesta que acaso estas sorda mujer perezosa...Teresa carajo que no escuchas…” pero después de unos segundos de un ingente silencio solté la carcajada; si seré estúpida jajá Teresa no regresara…. total, pero a todo esto de que hablábamos?… a si ya recuerdo aquella llamada era Julián, el hijo menor de mi hombre, porque al final de cuentas eso fue; mi hombre; insistiendo que me presentase a la cita de la lectura; ese chico siempre tenía una manera de acercarse a mí con las palabras precisas, termino convenciéndome el escuincle.

Llegue a aquel despacho; eso sí con mis mejores galas digo si me iba a topar con “las esposas”, tendría que lucir ¿no?.. Una manera de demostrar el porqué decidió darme a mi esos momentos de goce descontrolable, que ricos días aun con el simple recuerdo hormiguea mi entrepierna… a y mi corazón. Ahí se encontraban todos, sus bellas hijas; odiosas pero no dejaban de verse bellas, Julián el menor y Edgar el mayor, aquel hombre que conocí de 24 años un año solo menor que yo; si Julián era buen mozo, Edgar era idéntico a su padre; y mejor aun con dedos intactos, recién leyeron el testamento, las mujeres replicaron, los hombres aceptaron sin gusto el deseo de su padre. Jajá eso si, teniendo presente la clausula quinta del párrafo cuarto: si solo si deseaba compartir algo con sus hijos, con el mandato de respeto de ellos asía mi persona y sería solo lo que yo quisiera donarles; a mí la verdad me daba igual, o total para que negarlo sería buena porque no, una falta de respeto por parte de Edgar como aquella que una vez Fernando le reprendió a Julián. Bárbara su “mujer” por el contrario me miro con una frialdad que la verdad en lugar de irritarme me enalteció; que delicioso momento, aquella que siempre se dio el papel de gran dama se sobajaba ante mi presencia quedando yo como lo que siempre fui y seré una Divina.

Al termino de la lectura y aclaración de los estatutos decidí retirarme del recinto, la verdad lloraba, si para que negarlo, ese momento era como el culmino de mis sentimientos retraídos a ese gran amor que alguna vez sentí por Fernando, al cruzar la calle un amable tirón a mi brazo, era Edgar que me llamaba; al notarlo no me quedo más que agachar la mirada, jamás alguien había logrado verme llorar y esta no sería la primera vez. “Disculpa si te asuste, ¿Alguien te espera? existe algún inconveniente si yo te llevo; creo que tenemos muchas cosas que aclarar”, la verdad en ese momento me sentía muy abrumada así que accedí, todo el camino no logre despegar los ojos de Edgar, era él, era Fernando mi gran amor; al llegar a la casa fue como entrar en un vórtice Fernando regresaba a casa, sin pensar nada me lance a él como siempre que cruzaba esa puerta… “No hables, no susurres, calla hombre déjame amarte y hacerte todas esas cosas que hacen que siempre regreses a mis brazos, a mis muslos, a mi ser….. TE AMO”

FEBE!!!!!!!!!!!! VAS Tarde pero ahí está nenas… Febe te toca lo más sabroso!!!

05 abril, 2008

...


...había tenido tantos roces. Ella perfectamente sabía que yo era su amante. Más nunca lo mencionó así abiertamente, sólo me miraba soberbia, con la frente en alto, presumiendo siempre el enorme anillo bodas que siempre traía. Él nunca cargaba uno. La condición de su dedo anular, le molestaba. A veces la gente se le quedaba con la mirada fija en su muñón y el sólo hacía una ademán rápido para esconder la mano con algo de enojo. Pero Ariana siempre se encargaba de mostrarlo por los dos, y de hacer notar su presencia como su actual esposa, lo traía para todos lados, cual prendedor nuevo. Por eso me buscó a mí.
Yo lo utilizaba... no me gustaba que me vieran con él. Prefería no tener problemas, no soy de esas chicas que andan gastándoselas vulgarmente dejándose ver como unas cualquieras. Nunca me ha importado qué digan de mí, pero me gusta la discreción, por que es más fácil.

Me gustaba estar con él en mi departamento, aquel que yo tenía cuando lo conocí, en el centro de la ciudad, polvoriento y ruidoso.. Sin intimar mucho en nuestro pasado, hablando siempre de cosas sin relevancia. De repente me sorprendía con una cena formal, botellas de ginebra, o flores, y yo, no sabía si abrazarlo con fuerzas, o decir con voz linda "gracias" y huir del incómodo momento con cualquier estúpido pretexto...

Un cigarro en el balcón cuando dejaba de llover, nos unía más que otra cosa. Y el sexo también. Era rápido y bueno. Como algo mecánico, pero no estaba mal. Había tenido mejores, pero él era diferente. Él se quedaba callado después y no hacía preguntas, ni comentarios tontos. Sólo se vestía, a veces se bañaba y prendía el televisor de la sala. Y a veces se quedaba dormido... yo a provechaba para ir al super o a cualquier cosa. Nunca hacíamos planes. Yo odio esas cosas. Prefiero ir al día en todo. Uno nunca sabe cuando no vas a despertar.

Así de efímero fué lo de nosotros. Con los años conocí a sus hijos, pero jamás puse importancia en eso, ni en su vida cotidiana, ni en sus rutinas. Preferí siempre hablar de detalles como el tráfico, el suavizante de telas, o cómo le gustaba desayunar. Cuando dejamos de vernos, no sentí nada. El de repente me llamaba, o me escribía. Yo era cortante y prefería hacer otras cosas que hablar con él por telefono. Odiaba sus problemas con su esposa y sus hijos, eso de escucharlo atentamente no era lo mío. Él lo notó, no era nada tonto. Y dejo de llamarme. Hasta el día en que murió...

Le cedo la estafeta a Delmiss...